En
cada intento
mil
fracasos.
Ya,
ya lo sé.
No
tiene sentido
nada
de lo que hago
y
cada vez que alzo el vuelo
me
estrello contra otro techo
que
está cada vez
más
alto, y así
no
hay quien consiga
la
sonrisa que nos prometieron
tanto
tiempo ha.
Mil
flechas en mi pecho lleno
de
agujeros en su día
fueron
estrellas
y
se marchitaron como esas plantas
de
Navidad, esas que cuando llega el tiempo cálido
permanecen
muertas
en
un rincón de la estantería.
Sé
que todo lo que digo
carece
de sentido si no ves
cómo
en mis ojos van revolviéndose
los
recuerdos
de
un pasado
de
un futuro
de
un tiempo verbal inexistente
o
que tal vez sí vivió
y
ya me encargué yo de borrarlo
con
la yema de mi dedos
de
la piedra que me lastra...
sin
nombre sin aliento.
Y
yo intentando alzar el vuelo.
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